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lunes, 13 de febrero de 2012

UN MAL JUEGO


PERSONAJES:

- Monsieur la morte
- Dios
- Josefina Fernández
- Tamara Fernández
- Sulma Fonseca


                                  PRIMER ACTO

(Se abre el telón. En la parte central del escenario hay un escritorio rústico de color opaco. Sobre éste, hay un teléfono, una computadora y dos portarretratos. Detrás del escritorio hay una silla amplia de oficina [con ruedas], sobre el respaldo descansa un saco de gala negro. En el costado derecho del escritorio hay un maletín negro. Del lado izquierdo hay un fichero, y junto a este un perchero que sostiene una galera negra. En la silla esta sentado mesieur la morte, vestido con camisa negra, corbata negra, unos pantalones de vestir negros, acompañados con unos elegantes zapatos del mismo color. Este se encuentra hablando por teléfono celular con Dios. La voz del interlocutor debe ser oída por el público. La escena estará a oscuras, iluminando solamente con una luz tenue y blanca, a la figura de mesieur la morte. Esta luz lo seguirá por cada lado al que el vaya, durante esta escena.)

M. la Morte: No quiero pecar de imprudente, pero lamentablemente me encuentro  
                    agobiado de tanto viajar. ¿No podría relegarse este trabajo a otro?
Dios: (Con ironía). Disculpe que lo incomode mesieur la morte, pero ¿para qué cree que usted fue     contratado? (con enfado), lo que me faltaba, ¿ahora quiere que mande a hacer su trabajo a un ángel de la guarda?
M. la morte: No lo decía por eso (se levanta y se dirige hacia adelante, en la zona central del escenario),         pero hace ya unos cuantos años que no se me dan vacaciones.
           Dios: (con disgusto y voz atronadora, al escuchar este volumen de voz, la Muerte se compunge de miedo) ¡Es usted un impertinente! ¿Le parece de profesional realizar este planteo al jefe que todo lo ve?, su trabajo es de 24 horas los 365 días al año. Usted sabía muy bien, cuando aceptó el trabajo, en qué consistía esto.  
M. la morte : (interrumpiendo), Perdón, pero yo tuve que aceptar el trabajo si o si, muchas opciones no me había dado, era irme para abajo o esto, ¿no coincide conmigo al pensar que esa situación fue un tanto irregular?
            Dios: (con voz cortante) Entonces ira para allá abajo si es lo que usted prefiere. En cualquier momento alguien aparecerá para vaciar su escritorio. (cuelga el teléfono)
 M. la morte: (con mucho miedo en la voz, en sus facciones y movimientos). ¡Espere, no cuelgue! (pausa breve), ¿hola? (pausa) ¿hola? (pausa larga, vuelve a sonar el teléfono y atiende de inmediato)
            Dios: Noto temor en su voz, ¿le sucedió algo?
 M. la morte: (más tranquilo) está bien, acepto. Ahora me pongo en marcha y hago el trabajo, ¿complacido?
            Dios: (con tono burlón), mucho. (pausa breve, y con voz firme) ¡ahora muévase que el tren al mundo de los vivos sale en 15 minutos!.
 M. la morte: (con apuro) sí, sí, perfecto. (cuelga, se pone el saco, la galera, y se pone a buscar una carpeta en el fichero) F-F-F, ¡acá está! (guarda la carpeta en el maletín), bueno otra vez al trabajo. (agarra el maletín y sale de escena con trote a media velocidad, se apagan las luces, y cae el telón )







                                 ACTO SEGUNDO


(Se abre el telón. Aparece en escena un paisaje descampado, con algunos árboles en sus costados, y un camino amplio de tierra que culmina a lo lejos en un pueblo. De un momento a otro hacen aparición tres muchachas vestidas de mochileras, caminando por el camino. Sulma Fonseca, Tamara Fernández y Josefina Fernández [las dos últimas hermanas]. Estas están discutiendo. La iluminación debe ser leve, pero le tiene que dar un tono mañanero al paisaje)


Josefina: (con un tono insistente) Apuren chicas, que quiero llegar para el carnaval del pueblo.(Sulma y Tamara a dúo) ¡Aguanta!
 Tamara: (con fastidio y deteniéndose) estoy reventada, hace más de 5 horas que no paramos de caminar. (Paran de caminar las otras dos chicas, y se acercan a Tamara, que se sienta en el suelo)
    Sulma: Si, para un poco, antes de ir a ese carnavalucho quiero ba-ñar-me, (con malicia) ¿aparece esa palabra en tu diccionario? (Tamara se levanta)
 Josefina: che, ¿se la agarran todas con migo?, yo también estoy cansada,(bosteza), pero quiero llegar de una buena vez, (alentando), denle, un poquito más y llegamos. (De repente se escucha un grito, en este momento, las luces se apagan, solo queda una luz muy leve iluminando a las tres chicas) ¡¡¡CUIDADO!!!
 (Las chicas giran sus cabezas, se prende una luz intensa que ilumina a las tres muchachas y deja ver sus caras de terror, se contorsionan como protegiéndose de un impacto y se escucha una frenada de automóvil. Se prenden luces tenues como en la primera escena, el tiempo se detiene, las chicas quedan congeladas en su pose de protegerse. Aparece caminando en escena Mesieur la Morte vestido con pantalón negro, zapatos negros, camisa negra, corbata negra, saco de gala negra y una galera del mismo color. En su mano derecha tiene un maletín, en su izquierda un reloj de bolsillo que lo mira. Se detiene delante de las chicas, que frente a la imagen de mesieur la Morte vuelven a moverse).

M. la morte: ¡¡Hegem!! (carraspea) (pausa). Ustedes sin duda alguna deben ser las  muchachas F. (Las tres), ¿eh?
     Josefina: ¿quién sos?
M. la morte: (Saca de uno de los bolsillos del saco una tarjeta y se la entrega a                                Josefina). Ahí tiene mi tarjeta de presentación, sírvase.   
     Josefina: (lee en voz alta), mesieur la morte, encargado oficial en recibir almas. R.C. S.A. ¿Es una broma?
M. la morte: En absoluto, mi tarjeta es más que clara señorita, no hay nada de broma en ella. Si fueran tan amables de ver hacia sus espaldas, verán el camión congelado que hace unos instantes iba a pasarles por                                encima. (Miran y quedan atónitas). Este breve lapso, en el cual yo hago acto de presencia, es para realizar un pequeño trámite burocrático.
     Tamara: (recomponiéndose) Dos preguntas, ¿qué significa R.C S.A? Y ¿de qué trámite nos está hablando? (pausa).
M. la morte: La iniciales corresponden a Religión Católica Sociedad Anónima, y por el otro lado, (se detiene al ser interrumpido por Sulma).
        Sulma: ¿qué es eso de un camión congelado?, no entiendo nada. 
M. la morte: (deja el maletín en el suelo, lo abre y saca de él una carpeta. La abre y se pone a leer muy solemnemente). 17 de enero del 2009, 7:45 horas. Camino de tierra, en las cercanías del pueblo, “No me olvides”, en el sur argentino. Un camión de la empresa CARGIL en dirección hacia el pueblo ya mencionado, arrasará con los cuerpos correspondientes a Josefina Fernández, Tamara Fernández, (hermana de la primera), y Sulma Fonseca, dejándolas sin vida. (Breve pausa, y deja de leer), razón por la que yo aparezco, ya que las tres deben firmar este papel (saca un papel de la carpeta), en el cual hacen acreedores a la empresa Religión Católica Sociedad Anónima de sus respectivas almas. Las cuales irán al Departamento de Revisión de Almas, en  donde se encargarán de verificar hacia que lado deberán ir vuestros espíritus. (Pausa), ¿me he explicado bien? 
    Josefina: (desechando con un gesto de la mano todo lo que dijo mesieur la morte). Sí, sí, ya te escuché. Igualmente esto me parece un delirio, ¿Yo muerta?, disculpá flaco, pero yo estoy más viva que nunca, ¿ves?                         (Empieza a moverse por todo el escenario, mientras repite, ¿ves?, en cada momento).
      Tamara: (melodramática), Yo sabía que no tenía que venir a este viaje pedorro.  Me tendría que haber ido con algún chongo por ahí, y no viajar de aventurera, (a su hermana), mirá lo que nos está pasando.
        Sulma: (ríe) Si estás mas sola que un perro vos, ¿con quien te ibas a ir si no era con tus amigas?, contestá.
      Tamara: Callate vos, ¡fea!
      Josefina: Che alguien se da cuenta lo que este loco nos está diciendo. Nos quiere hacer creer que estamos (pausa), estamos (no termina la oración).
M. la morte: (con una gran sonrisa), exactamente, esa es la etapa de aceptación.(Pausa), lamentablemente, o favorablemente para ustedes, están muertas.(silencio rotundo, seguido por una pausa, Sulma se pone a                  llorar).
     Josefina: Pará, no llores, esto debe ser una confusión, ¡soy tan joven para morir!
M. la morte: Disculpe que la interrumpa, pero según lo que consta en actas usted tiene 34 años, a si que podría decirse que usted tan joven no es.
     Josefina: (Enojada, y gesticulando con enfado en cada palabra), encima de que sos la parca sos un mal tipo, como me vas a echar abajo así.
M. la morte: (intranquilo) No fue mi intención ofenderla, le pido mil disculpas si algo de lo que dije la supo molestar.(pausa breve. Con firmeza). Bueno, no perdamos más tiempo, y firmen el papel que lamentablemente para mi, tengo más trabajo para realizar. No demoremos más el trámite.(saca                     una lapicera del saco, y la ofrece para que alguna firme).
        Sulma: Y bueh, si ya no queda otra (se acerca a mesieur la morte, agarra la lapicera para disponerse a firmar).
     Josefina: (corriendo hacia Sulma, le quita la lapicera y la tira al suelo) ¿Estas loca? Como te vas a dar por vencida así no más. ¡No hay que darse por muerta ni aun muerta!
M. la morte: (con hartazgo) Lamento desmentirla, pero debo reiterarle que sí está muerta, al igual que sus otras dos acompañantes.
     Josefina: ¿Pero el camión no se había congelado, antes de que nos atropelle?
M. la morte: Sí, es correcto, pero cuando esta situación se normalice al efectivizarse las correspondientes firmas, el tiempo volverá a correr (pausa), y el camión pasará por en cima de ustedes. Por lo que técnicamente están muertas.
     Tamara: (con cierta esperanza reflejada en la cara), ah, ¡entonces yo me corro a un costado del camino y ya está!
M. la morte: No. Cuando firmen todo volverá a la misma situación de antes, (silencio)
     Josefina: Pero yo no lo pienso aceptar, tiene que haber una forma de que esto no pase. (Pausa) (Elevando la voz hasta casi gritar, enfadada) ¡El destino me lo marco yo y no ningún pingüino vestido de negro!
M. la morte: Le pido el favor que no me agravie, (severo), ya que si no estos momentos serán tomados en cuenta por el Departamento de Revisión de Almas, y no creo que le guste ir para abajo, ¿entendió?
     Josefina: Sí, no te enojes, yo decía nada más.
        Sulma: Pero yo soy atea.
      Tamara: (mintiendo) y yo soy politeísta, no jodamos.
M. la morte: (revisa la carpeta), según lo que consta en acta, las tres fueron bautizadas según las normas de nuestra empresa, así que todas van a ser juzgadas bajo nuestras leyes. (Breve pausa)
     Josefina: (se le ilumina la cara de felicidad) ¡Ya se! (Se pone a bailotear)
M. la morte: (confundido) Perdón, pero no comprendo su comportamiento. Y ya que estamos, firmen, que estoy apurado.
     Josefina: ¡No! (se descuelga de los hombros la mochila y la deja en el suelo, luego se agacha y empieza a revisar dentro de ella. Luego de un breve tiempo se incorpora, con un mazo de cartas en las manos)
M. la morte: (mirando con gran interés las cartas), ¿no comprendo?
     Josefina: (con energía) vamos a jugar una mano de truco, si yo gano, nos deja en paz a nosotras tres, y si perdemos, firmamos las tres el papel sin chistar (Sulma y Tamara empiezan a avivar a Josefina).
M. la morte: (dudando) no considero pertinente jugar a la suerte sus almas, aunque en verdad la idea me tienta mucho.(Se le acercan las tres muchachas, lo rodean y se agarran las manos, dejándolo en el medio, sin posibilidad de moverse. Empiezan a dar vueltas alrededor de él cantando “La muerte tiene miedo” varias veces. Poco a poco la cara de Monsieur la morte se va transformando, como si  no aguantara la tentación de jugar) (De repente estalla en un sentimiento de terrible enfado, y desesperación)                                             ¡Basta!,(recomponiéndose, las chicas rompen la ronda y se lo quedan mirando), ¡está bien vamos a jugar!

(Cae el telón)







                      ACTO TERCERO




(Se abre el telón. Se repite el paisaje del segundo acto. Aparece mesieur la morte sentado en el suelo, con el saco colocado encima del maletín, que está a su costado izquierdo. Este está sentado en la parte de adelante del escenario, por la zona central del mismo y se encuentra repartiendo las cartas. En frente de él está sentada josefina. Detrás de ellos están Tamara y Sulma también sentadas, mutis y con gran nerviosismo, mirando el partido. Hay de fondo música clásica. La escena está altamente iluminada).

     Josefina: (con tono burlón) Tenés miedito, se te nota en la cara.
M. la morte: (suspira), Por favor, miedo yo, que impertinencia tan grande. (Breve pausa) (Exigiendo) ¡Déle!, usted es mano, ¿no piensa jugar?
     Josefina: (chicaneando), tranquilo che, no me apure si quiere sacarme buena.
M. la morte: (ríe), Esta bien, pero yo tengo que seguir trabajando. (Josefina tira un 7 de espadas, acto seguido se lo queda mirando fijamente a los ojos)
    Josefina: ¿Y? (pausa), ¿matas o no?
M. la morte: (sagaz), prefiero jugar con tranquilidad, le dejo la primera (Acto seguido tira un cuatro de copas)
    Josefina: (ríe, luego con voz ronca casi tensa), que lastima, pero                                           lamentablemente  le debo cantar (elevando la voz) TRUCO.
M. la morte: (medita un tiempo) ¡Quiero ver! (Josefina tira un tres de oro, a lo que monsieur la morte se queda mirando la carta) Esto se está poniendo picante, quiero re truco. (se queda esperando una respuesta)
     Josefina: Quiero vale cuatro
M. la morte: (medita un tiempo, luego eleva la voz. Empiezan a aparecer en su frente alguna gotas de transpiración). ¡Quiero! (tira un siete de oro y luego un   ancho de basto, y comienza a reír nerviosamente).
     Josefina: (ríe a pompa suelta, cuando termina lo mira nuevamente a los ojos, así están unos largos segundos) Señor, espero que para otra vez tenga usted más suerte. (Tira su carta, un ancho de espadas).
M. la morte: (con terror en la cara) No, no puede ser. ¡Esto no me puede estar pasando a mí!
     Josefina: (abraza a sus compañeras, y luego le vuelve a hablar) Lo prometido es deuda, rompa ese papel y déjenos en paz.
M. la morte: (se queda como petrificado mirándolas, pausa breve) Está bien (rompe el papel, se pone el saco, agarra su maletín y se va de escena caminando).

(Las chicas se ponen a bailar de felicidad por todo el escenario. De repente se apagan las luces quedando todo a oscuras, durante un breve instante. Se vuelven prender las luces, y aparecen las tres chicas como en el segundo acto, en la escena que las estaba por chocar el camión. Se vuelve a escuchar la frenada, pero esta vez se le suma un insulto)-Córranse del camino par de bobas- (acto seguido se escucha el arranque del camión. Las chicas se miran sin poder creerlo).

Josefina: Esto si que fue muy loco.
 Tamara: ¿No habrá sido el cansancio que nos hizo alucinar?
   Sulma: No, ¡esto fue muy real!- Dios existe y es una empresa, que bárbaro.
Josefina: Si, si, como todas las cosas es un negocio, (exasperada) pero no hinchen más que quiero llegar a ese bendito pueblo de una buena vez.
(Sulma y Tamara al unísono)- ¡ufa! (siguen caminando hasta desaparecer de escena). (Se apagan las luces. Ese momento debe ser usado para modificar la escenografía)



(Se encienden las luces. Reaparece la oficina de mesieur la morte, este entra en escena de forma cansada, deja el maletín a un costado del escritorio, se saca el saco y lo coloca en el respaldo de la silla, se dirige hacia el perchero y coloca la galera, guarda la carpeta en el fichero. Se dirige nuevamente a la silla y se sienta bruscamente, se desacomoda el nudo de la corbata, y se queda mirando el techo, con expresión de nada).

M. la morte: Esta si que no me la puedo creer. (eleva la voz)¡Tenía un ancho de basto!, (suspira)(pausa larga, suena el teléfono, mesieur la morte se incorpora lentamente y atiende)-hola, ¿quién habla?
          Dios: vi todo lo que sucedió, ¿alguna cosa para contarme?
M. la morte: (con desesperación), no se enoje jefe, todo tiene una explicación.
          Dios: (cortante) la única explicación que se puede dar, es que la que usted es un timbero, que ya no sirve para este trabajo.
M. la morte: Por favor, no se enfade, fue una equivocación que no va a volver a repetirse.
           Dios: (con gran enfado), por supuesto que no va a volverse a repetir, ya que usted a partir de este momento esta despedido, ¿le quedó claro?
M. la morte: (atónito)¡¿Qué?! Pero San Pedro se ha mandado más cagadas que yo y sigue firme en su puesto de trabajo. No sea injusto, jefe.
           Dios: (cortante) No me hable a mi de justicia, que esa ya me la se, además San Pedro, es íntimo amigo mío, algo que usted no lo es, así que vaya agarrando sus cosas y se me toma el buque. (Pausa breve) Más claro no pude haber sido, ¿verdad?
M. la morte: (explotando de rabia) pero metete el trabajo en lo más profundo del (se queda callado controlando su ira) del espíritu, viejo gaga. Es más, vos no me echas yo renuncio. (Corta el teléfono, agarra su saco, su galera, el maletín, y se va de escena a paso rápido)



                                        (CAE EL TELÓN -FINAL).

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