Nuevamente me encuentro en la encrucijada. Pareciera ser que los buenos momentos son solo lapsos cortos que se escabullen de mi mano como si fuera arena. Tal vez, son solo treguas, y como tales, deben terminar en algún momento.
La vida nuevamente me da una bofetada. -¡Despertate!-, pareciera decirme.- Ya es hora de una nueva caída-, me grita.
Me acostumbré a que todo sea así. Bien o mal, es lo que me toca. Ya lo sé. Son las dos caras de una moneda, que inevitablemente viven en vigencia en cada rincón por el que ando.
Y la mochila cada vez está más pesada. Un nuevo problema para acumular. ¿Es que nunca se va a rajar la mochila?, quiero sentirme liviano, libre, pero no puedo. Está en mi personalidad seguir revisando en las profundidades del bolso, y verlos allí, amontonados, riéndose de mí.
Últimamente las cosas buenas tienen una cuota de maldad. Y así sigue todo el tiempo, desbordándome, dejándome sin aliento y sin voz, para que el silencio sea más fuerte que mis pedidos de ayuda. No respiro, no grito, no lloro, solo estoy, y seguiré estando. Para bien o para mal, camino con mi mochila que ya empieza a cansarme.
Las tortugas cargan felices con su mochila...toda la vida
ResponderEliminar