El agua corría sobre todo mi cuerpo. Ya no quedaba ningún sector seco en mi vestimenta. Corría a toda velocidad
en lo quedaba de vereda. Los rayos parecían caer al lado mio, y los truenos perforaban mis oídos. Pese a esto, el paisaje me obnubilaba. Nada más hermoso, nada tan real, como aquella lluvia.
Las calles se habían transformado por completo. La naturaleza había hecho su juego, y los ríos, rápidos como en las montañas, corrían libremente por el asfalto.
Una lluvia que recuerda a otra lluvia. Una tormenta que recuerda a otra, pero ninguna tan real, como esta última.
No hay comentarios:
Publicar un comentario