El polvo y las telarañas lo cubren en todo su ser.
Sin embargo, su belleza sigue intacta,
Pues quien mejor que el viejo,
Para saber que su arpa sigue allí.
Hermosa, lírica y esbelta,
Se encontraba en su rincón.
Como cuando le tocaba la serenata a su mujer,
Como cuando sus hijas jugaban en el arenal
Como aquellos días en el que estaban.
Sin embargo, el tiempo hizo lo suyo.
Ya no había mujer,
Ni niños en el arenal.
Y el arpa siguió allí, encerrado,
Escondiéndose del sonido.
Ahora la mira con nostalgia.
Y son esas las lagrimas de su recuerdo.
Ellas se han ido,
Y tu,
Viejo e inevitablemente casi muerto
sonríes para volver a verlas.
Y el arpa volvió a sonar
Tan fuerte que el barrio despertó.
Sonrisas por la melodía,
alegrías por el fin.
El pobre viejo, había dicho adiós
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