Roza la suave piel el vil metal.
Un camino de cuchillas y de espadas.
Ninguno hozó a lastimarlo.
Pero la más ruin y olvidada hoja,
Tocó su vientre y lo hirió.
Sus suspiros agotadores,
Retumban haciendo eco en el espacio.
Y un camino carmesí,
Nos avisa por donde nos ha dejado.
Descansa sobre el barandal,
Y yace lentamente.
Solo unos pensamientos anidan en su cabeza,
"Así será mi muerte,
Y de ella no me he despedido"
Cuentos que no contaré.
Sueños que jamás serán olvidados.
Triste y en silencio,
La eternidad se apoderó de él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario